Un anciano andaba todos los días
temprano por la orilla de la playa. Se le veía pasar tiempo agachándose para
recoger algo de la arena y lanzarlo al mar. Un día, un joven se acercó y vio
que lo que lanzaba eran estrellas de mar. El anciano le explicó que era para
salvarles la vida porque si permanecían mucho tiempo fuera del agua sin
hidratarse morirían. ¡Pero son muchas! – dijo el joven -. Nunca me voy sin
salvarlas a todas – Replicó el anciano -. Para mí tiene sentido aliviar el
dolor de todos los seres vivos. Igual ocurre con las personas que pasan
necesidad. ¿Acaso no tiene sentido dar de comer al hambriento, vestir al quien
está desnudo, visitar a los enfermos, alegrar a quienes sufren…?
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